Ridículo del Real Madrid ante el CSKA Moscú

El Real Madrid no solo embarrancó ante el CSKA Moscú en una noche para olvidar que supone su peor derrota como local en toda su historia en las competiciones europeas. También vio cómo ese brillo continental que le ha rescatado en momentos de debilidad emocional es hoy un elemento caprichoso. Aislado el factor numérico por tener atado el primer puesto de su grupo, la segunda derrota ante el noble equipo ruso le ha situado en un escenario imprevisto. En ese juego del escondite en el que anda enrolado el equipo de Solari con su reconversión y adaptación al postCristianato,el resultado final sigue siendo una incógnita. A pesar de sus buenas maneras, el equipo blanco es hoy un barco de buen porte pero con mala travesía, propenso al mareo, y en ocasiones como esta, al hundimiento. El Bernabéu bajó el pulgar con pitadas en el descanso y al final del partido.

La aparente inocencia del partido permitió a Solari seguir dando cuerda a una plantilla en continuo análisis. La presencia de Vallejo, Javi Sánchez y Valverde advirtió de la categorización de un encuentro que en su desenlace resultó errónea. El Madrid cuenta con piezas útiles en su plantilla, desde luego más de lo que aparentaron ante el CSKA, pero el problema está en que su colocación sobre el campo se produce en un escenario sin marcos, sin apenas lugares comunes sobre los que descansar. Solo Vinicius ejerce de algo más, en parte por su descaro innato, sabedor de que cada tras cada jugada aparece el confeti.

Asensio sigue sin dar el nivel esperado – cristiano barni / Shutterstock.com

Pitos a Isco

Ni la interacción de Isco alteró la partitura. El centrocampista malagueño vive para derribar muros, pero hay veces que la habilidad no puede con el hormigón. Sus pisadas dieron color a las jugadas del Madrid, pero no hubo ningún brochazo definitivo. Sí lo hicieron Asensio, que envió un balón a la escuadra, y Vinicius, que sigue buscando la gloria en cada jugada personal. Bien es cierto que se trata del único futbolista sin miedo a la línea recta, abonado al uno contra uno como estilo de vida, algo que la mayoría de sus compañeros de ataque evita permanentemente.

Esa buena voluntad futbolística, en la que premia el acierto sostenido sobre el riesgo innecesario, convirtió al Madrid en un equipo en dos dimensiones, sin vértices. Movía bien el balón, pero no sabía escapar del péndulo. Ante esa horizontalidad se adaptó bien el CSKA. Le resultó sencillo al equipo ruso, más todavía con una línea de cinco en defensa y cuatro centrocampistas, que observaban sin temor las transiciones, todas sin que ninguna de sus piezas tuviera que escaparse del eje preestablecido.

Se movía el Madrid a paso lento y creyéndose seguro, pero el CSKA se guardó enseñar los dientes hasta que vio claro el mordisco. Hincó el colmillo con un gran gol de Chalov, un delantero ortodoxo pero estético, que superó a Courtois tras tirar un buen recorte ante Javi Sánchez. El gol ruso llegó en el primer disparo entre palos, lo que lejos de resultar una anomalía justificó la máxima de que sin remate no aparece el gol.