El Barcelona ofrece una buena imagen para conquistar Old Trafford

Cuando uno vive de la mitomanía, del pasado, corre el riesgo de perder de vista su presente. En Old Trafford suenan bellas canciones antiguas de los Stone Roses, los nombres de Ferguson y Charlton están estampados en las gradas, y el aliento etílico de George Best se intuye entre los hinchas amontonados sobre sus sillas. Pero quien corre sobre el campo es ahora un United muy limitado. Que no sabe jugar con el balón. Que no sabe cómo rematar a portería. Que hubiera podido estar toda una vida atacando al Barcelona sin más zarpazo que el de Smalling a Messi. El equipo azulgrana asaltó por primera vez el Teatro de los Sueños. Y ni siquiera le hizo falta mimar el balón. Qué más da.

No sorprendió que Solskjaer, ese chico sonriente que tuvo una epifanía en el Campo Nou hace 20 años, iniciara el partido como si el milagro fuera la única opción válida. Si bien es cierto que las ausencias en el centro del campo de Matic y, sobre todo, Ander Herrera, dejaban toda la garganta tiritando, echar un vistazo rápido a la alineación inicial del United desvelaba un sinfín de temores.

El técnico noruego optó por la línea defensiva de cinco hombres, con Shaw trasladado al centro y Dalot a la izquierda. También pensó Solskjaer que lo apropiado sería alistar en el eje a ese jovencito impetuoso y con maneras de burócrata llamado McTominay, convencido de que por la medular nada debía circular por el suelo. El plan quedó claro. Defender y propinar puntapiés hacia la espalda de Busquets para que Rashford se pusiera a correr.

Pero tanto se achicó el United en ese cuarto de hora inicial que el Barcelona, tirando de ritmo cachazudo y paciencia, atrapó el gol la primera vez que se husmeó el área de De Gea. Busquets, en una noche en la que sudó sangre para controlar la potencia local, sí pudo liberarse en territorio contrario. Fue él quien inició la acción del tanto. Messi, cuyos registros no tienen fin, buscó el desmarque tras el tumulto defensivo.

Aficionado culé en Old Trafford – Mitch Gunn / Shutterstock.com

Efectividad uruguaya

Ni siquiera le hizo falta mirar al argentino para saber que en el segundo palo quien esperaba era su mejor aliado, Luis Suárez. El uruguayo remató de cabeza, pero cuando Coutinho se disponía a empujar la pelota, Luke Shaw se entrometió. Él fue el último en tocar el cuero.

Después de que el árbitro, el italiano Gianluca Rocchi, aguardara a que el VAR negara fuera de juego alguno para dar validez a la acción, Luis Suárez se puso a correr como un loco. Reclamó cuanto pudo la autoría del gol. Razones tenía. El uruguayo lleva tres años y siete meses sin marcar fuera de casa en Champions. En Old Trafford, al menos, se liberó a medias.

Quién sabe si el Barça no esperaba semejante premio tan temprano. Quién sabe si el United necesitaba una puñalada para espabilarse. Entre una cosa y otra, los de Solskjaer perdieron el miedo y se fueron como lobos en busca de los centrales barcelonistas. Sacar limpio el balón desde atrás pasó a ser una utopía. Lenglet no encontraba ayudas por parte de los centrocampistas, y Busquets perdía balones que le exponían a faltas cada vez más peliagudas. Piqué se malacostumbró a corregirlo todo.

En cualquier caso, nada de eso era suficiente para que el United atrapara una acción clara de gol. Rashford era quien más claro lo tenía a la hora de soltar el zapatazo, aunque sus intentos no encontraban dirección alguna. El Barcelona juega el próximo sábado ante el Huesca para seguir sumando puntos en La Liga, una buena apuesta para ese partido sería la victoria del Barcelona con cuota 1,61 en Sportium.