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El Barcelona aplasta al Real Madrid para llegar a la final

Los innumerables fallos del Real Madrid, sobre todo de Vinicius, en el área del Barcelona impidieron a los blancos meterse en la final de la Copa del Rey. Los de Solari fueron mejores, pero cayeron 0-3 ante un Barcelona que sólo tuvo que aprovechar un par de llegadas al área. Un doblete de Luis Suárez y un autogol de Varane dieron el pase a los azulgranas a la final del Villamarín

El Real Madrid cayó con honor y sin puntería. Se pegó un tiro en el pie. Se hizo el harakiriSe suicidó víctima de sus propios errores, especialmente en el área del Barcelona. Vinicius perdonó cuatro goles cantados y Luis Suárez acertó a la primera. Tampoco el VAR ayudó al Real Madrid, al que quitaron dos penaltis precisamente sobre el joven brasileño. Al final, el Barcelona se impuso 0-3 sencillamente porque tuvo más acierto y, posiblemente, porque tiene mejores futbolistas.

El once de Solari era como el lenguaje de Pedro Sánchez: previsible y reiterativo. Quizá no era la noche para innovar porque el Bernabéu no es el Mobile de Barcelona. Quizá sería la meritocracia. Quizá conservadurismo. Jugaban los que habría adivinado hasta Aramis Fuster. Pero en este Real Madrid de la depresiónpost-Cristiano no deja de ser sorprendente, al menos para este humilde relator, que no quepan ni Marcelo, ni Isco, ni Bale. Unos por fofisanos y el otro por ir más a su bola que Errejón.

Jugaba Keylor su competición, quién sabe si en su último partido con el Real Madrid, y jugaban los otros diez que ustedes ya saben y que yo enumeraré aquí a fuer de que me llamen plasta. Se siente. Lo leen rápido: Carvajal, Varane, Ramos, Reguilón; Casemiro, Kroos, Modric; Lucas Vázquez, Vinicius y Benzema.

Suárez marcó dos goles ante el Real Madrid para meter al equipo en la final – Ververidis Vasilis / Shutterstock.com

Dembélé y Suárez protagonistas

Y jugaba Messi. Sí. MessiAquí pueden poner la música de Psicosis o la de Jesulín, que da el mismo miedoMessi, que lleva dando miedo en el Bernabéu desde que se cortaba el pelo como el de El Chavo del Ocho y no tenía ni barba ni tatuajes. Messi, tormento y ardor que cantaba Miguel Bosé en Amante bandido. Vale que jugaban otros diez en el Barcelona, pero es que jugaba Messi, oiga. Y Messi es mucho Messi. Y sin Cristiano mucho más.

Por los de Valverde también estaban, y ya prometo que no me enrollo más, Ter Stegen; Semedo, Piqué, Lenglet, Alba; Busquets, Sergi Roberto, Rakitic, Dembelé, Luis Suárez y (no sé si se lo había dicho ya) Messi. En estas divagaciones pillóme el inicio del Clásico. Con el Real Madrid presionando y el Barcelona un poco a verlas venir. Messi deambulaba por el Bernabéu mientras Vinicius trataba de mostrarse en el Clásico. Ocurrían pocas cosas al menos hasta el primer acelerón de Messi abortado por Reguilón en el área con un pie salvador en boca de gol.

Respondió Vinicius con una galopada que, como casi siempre, no acabó en final feliz para el Real Madrid. Pero para el brasileño, como para Freddy Mercury, el show siempre debe continuar. Y continuó con una jugada dentro del área que fue penalti. Semedo derribó en el pie a Vinicius. El VAR le avisó, pero le dijo un “todo O.K.” que no era O.K., así que el colegiado se abstuvo de verlo por televisión. Nada nuevo bajo el sol, José Luis. Ardo en deseos de saber lo que dice Piqué sobre el particular, que seguro que tiene una opinión fundadísima.

Siguió Vinicius a lo suyo, pero volvió a acabar mal una jugada en el 18 con un disparo alto. Habrá que perdonárselo porque es más proactivo que un Actimel. Dominaba el Real Madrid con un Barcelona agazapado y sufriente a la espera de que apareciera Messi. Mejor ni mentarle. Pasaban los minutos y nos encaminábamos a la media hora de un Clásico bastante notable aunque sin grandes ocasiones. Y con un penalti birlado al Real Madrid, claro.