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Bale tira del carro ante el Kashima

Guste o no, así es Gareth Bale, uno de esos futbolistas que crecen con el tamaño del partido pero que presentan una carrera demasiado ondulada como para ganarse el aprecio del público y la crítica. Porque apenas ha dejado nada entre la chilena de Kiev y el hat-trick en el Zayed Sports City Stadium, pero su rara habilidad para inscribir su nombre en los partidos que luego se recuerdan (Lisboa, el sprint ante Bartra…) ha ayudado mucho al Madrid. Ante el Kashima japonés resultó el hecho diferencial de un equipo que adornó mucho el marcador y no tanto su imagen.

A poco rival, ninguna excusa. Esa es la letra pequeña de los Mundiales de clubes, que acostumbran a condecorar a precio de saldo a los grandes de Europa. Es decir, que el título sale barato, pero el fracaso, carísimo. Y no siempre cala la advertencia. Lo puede explicar bien River Plate. Los tres primeros minutos del Madrid también fueron un buen ejemplo de salida a escena desatenta y descuidada. Antes de que se cumplieran, Courtois tuvo que hacerse de goma para desviar un tiro cruzado de Serginho y a Shoji le faltaron cinco centímetros de fe para meter un cabezazo en la red a la salida de un córner. La zaga blanca siguió su acometida y su fallido escorzo con la mirada.

Un mal arranque de partido de un Madrid que fue corrigiéndose progresivamente con una presión más alta y ajustada, un compromiso mayor en la recuperación y el Bale que compró el club y que se volvió insospechadamente esporádico.

Bale marcó los tres goles de la semifinal viewimage / Shutterstock.com

Bale al rescate

El resto, durante la primera mitad, siguió en el punto en que lo dejó ante el Rayo y el Huesca: tres centrocampistas huidizos del área y un ataque poco agraciado en el remate, sálvese Bale y el que pueda. Ese equipo que sin Cristiano anda en mínimos de productividad. Y eso que caben pocos reproches a los tres de arriba. Lucas Vázquez estuvo tan patriótico como acostumbra, Benzema mejora cualquier trámite en la jugada y Bale anduvo por la causa más de lo habitual y le quitó el tapón al encuentro. Es el único que nació con el gol como misión principal.

Solari, en cualquier caso, confirmó en su cita más importante hasta ahora que Asensio y Isco están por detrás de Lucas Vázquez, giro laborista que se prolonga en el tiempo. El resto fueron los mismos que hubieran puesto Lopetegui, Zidane, que ya utilizó a ocho de los que salieron esta vez hace un año, o el que hubiera pasado por allí. Los mismos jugadores, pero en un momento físico y anímico diferente menos Cristiano, un recorte importantísimo.

Con ese once mandó el Madrid en la primera mitad con reparos, justificándose con disparos lejanos e inocentes y tolerando alguna contra del Kashima, que entiende el fútbol como una cadena de montaje: ni equivocación ni imaginación. Eso aún no lo ha arreglado Zico.

El equilibrio se mantuvo hasta que Bale y Marcelo, que ya habían adivinado que por ahí se abría un hueco, levantaron una pared de altísima precisión resuelta por el galés de tiro cruzado. El gol que compensó a los dos jugadores más verticales del equipo. Una gran noticia en el caso de Marcelo, que llevaba tiempo circulando en marchas muy cortas.